miércoles, 10 de noviembre de 2010

Grupo de apoyo

Estimado doctor:
Mi yerno Otto Apolo me ha llamado para invitarme a leer  su Carta. La he leído y me he sentido más que impactado, conmovido por el inmenso dolor que refleja en sus expresiones, admirablemente serenas y certeras que solamente creo se lo puede hacer por medio de la escritura.  En forma oral, parece imposible, hasta a mí se me hiciera el nudo en la garganta y no me dejaría articular ni una sola palabra.   Lamento su dolor y quiero compartirlo.  Admiro su valor y quiero compartirlo.  Cuando  Solón perdió a su hijo y lloraba sobre su tumba, un amigo le dijo "Consuélate Solón, ¿Por qué lloras si ya no hay nada que hacer?. Pues, por eso mismo lloro, porque ya no hay nada que hacer". Resignación para tranquilidad del alma, sentencias otros.

Expreso mi solidaridad hacia usted, para Lolita, mi exalumna, la señora Julita y don Panchito, como cariñosamente los llamamos.  Hago votos para que cu Carta trascienda en el corazón, en la conciencia y en la voluntad del Presidente ,y, como usted dice, no nos sucedan a nosotros estas infortunadas e irreparables pérdidas.

Fue mi amigo¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ Lo tengo junto a mí compartiendo una partida de ajedrez en mi casa.  No pude descifrar su estrategia.  Su ejército venció al mío como los griegos al mando de Aquiles al troyano al mando de Héctor.  En la segunda partida, adelanté un peón un paso. ¿Qué le parece si lo adelanta dos pasos en vez de uno?   Escuché su sugerencia y así lo hice.  No le importó poner en riesgo a su hueste, a su rey.  Eran las últimas jugadas.  ¡Qué maestro!  Muchachito y maestro, sin egoísmo alguno. ¿Qué te parece mi nivel?  Podré competir en algún certamen?  "Usted está a la altura de cualquier jugador", me confesó.  Y le creí.  Mi autoestima se elevó admirablemente como persona y como practicante del ajedrez.

No tuve la suerte de enfrentarme una vez más.  De ahí que he perdido no solo al amigo sino al maestro  o al maestrito.  Deveras que lo extraño.  Dios adelantó a su alfil muchos pasos.  Los peones esperamos su voluntad.

Wil Torres
Piñas

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