jueves, 11 de noviembre de 2010

Vichito y el Che

VICHITO  Y EL CHE

QUE DURO ES QUEDARSE SOLO
SABIENDO QUE UNO NO SIRVE NI PARA QUE LO MATEN
Roque Dalton

Cuando pasó la ventanilla de migración, (perdón de inmigración  ya que el que llega al cielo se queda, no hay emigrantes),  se encontró  con muchas caras conocidas  y personajes que según el día de llegada podían establecer contacto para charlar un poco o jugar algún pasatiempo mientras compartían reflexiones y miraban a sus seres queridos en la tierra,  tratando en ocasiones de prevenir un accidente o intentando comunicarse con ellos en medio de sus sueños.  Era el 8 de  octubre y junto a su jardín pudo divisar a unos jugadores de ajedrez en medio de una partida, al acercarse se percató que uno de los jugadores era Ernesto, el comandante Che Guevara que había  llegado el  9 de octubre, por eso estaba junto a su edén.
Al terminar la partida se presento, Ernesto mucho gusto, soy un gran admirador suyo, mi nombre es  Vicente Francisco y si me permite podría  jugar una partida con usted.  El Che alzó la mirada y se encontró con un rosto  lleno de alegría , con un rostro que sonreía con sus  ojos, con la nariz, con la boca, enseñando su gran dentadura que  iluminaba cualquier recinto, un rostro joven de un joven que ganó esta beca para poder entender  a los que admiraba, Cristo, Marx, Bodelaire, Modigliani, Cortázar y otros tantos personajes que conoció por sus obras o algunos, de los cuentos de Vicente, su padre, por los consejos de Loli, su madre y en las reuniones de escuela y amigos.  Le preguntó sobre los días que nadie conoce y esas hazañas de los compañeros que nadie recuerda, el Che  le dijo que estaba al tanto de todo lo que había leído sobre él ya que cada vez que alguien lee  un libro su nombre queda en el recuerdo del  autor, entonces le dijo cuéntame de ti.  Alfil por peón.
Vengo de un hogar  lojano en Guayaquil donde compartía mi vida con mis padres y mi hermosa hermanita que siempre me daba felicidad, mi padre es aquel gordito de la izquierda, como  ve le ha ido bien, aficionado al ajedrez y la buena lectura, desde muy chico me inculcó la afición a la literatura y al juego ciencia  que luego  nunca pudo ganarme..  Mi inclinación  a lo justo y mi amor a la libertad vienen de él.
Mi madre es aquella de adelante,  la delgada y muy hermosa, tan bella, diáfana y transparente como la luz del día,  imagínese que hasta los muebles de la sala los puso blancos en la casa de Samborondón. ( así que pelucón, no? )
No me diga eso,  contestó con esa sonrisa enorme que lo inmortaliza.  Buscábamos  con mi hermosa madre seguridad y ya ve; resulto una ironía al puro estilo de Oscar Wilde.
Siempre ha sido celoso con ella, es que la amo tanto, usted sabe, tiene la dulzura de la piña  y el aroma de la  campiña de Piñas ….. Lo siente usted, que rico…. Reina por alfil.
Creo que ahora podré  aclarar  algunas cosas que conversaba con mis amigos y los amigos de mi padre, Dumas era negro o por lo menos tenía el cabello rizado, Cortázar era argentino a pesar de que nació  en Bruselas  y vivió en Paris, Borges escribe de laberintos sin haberlos visto, el mensaje de Silvio no perdura en la gente, sólo su música, y así otras muchas dudas.
Pasaron horas conversando y cada vez tenían más y más personajes a su alrededor, se había corrido la voz y venían  a conocer al joven de la eterna sonrisa.
Entonces el Che llamó a uno de sus correos y le pidió llevar un mensaje a Camilo.  Cuando éste abrió el papel leyó “quiero que  vengas a conocer a Vicente Francisco, un compañero muy joven a quien admiro mucho”
Disculpe Ernesto nuevamente con esa sonrisa enorme, jaque mate.

Galo Alvear

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