jueves, 11 de noviembre de 2010

Presidente, murió mi hijo

Dr. Sarmiento:
Me llegó por email desde un amigo, este artículo que ha aparecido en el diario El Universo de Guayaquil, al cual junto a otros diarios del país no los leo, por las mismas causas que defendía su hijo. Esto junto al hecho de que me indican que es lojano, yo también (vivo en Quito), pero más aún por el hecho de ser un padre que sufre por algo que cada día es más común en nuestro país, los efectos de la delincuencia, por eso le distraigo de su tiempo y me disculpa por el hecho de escribirle estas líneas.
Le cuento que el día de hoy fecha en que me llega este mensaje, hoy justamente asaltaron a mi hijo de 25 años, en el sector Norte de la ciudad, él vende productos de la fábrica en la que trabaja y también los cobra, y los asaltantes con revolver en mano les robaron a mi hijo  y a otra persona que se encontraba en esa tienda, a mi hijo el dinero que había cobrado hasta esa hora, más su dinero que no fue mucho, su celular, todos sus documentos, pero Gracias a Dios a él no le pasó nada.
La verdad es que quisiera tenerlo muy cerca de mí para abrazarlo y hacerlo sentir que soy un hermano que sufre con su dolor. No he sufrido nada parecido al dolor que usted tiene en estos momentos, es su dolor como usted lo dice, y debe ser muy grande. Pero a la distancia lo acompaño en su dolor. Quisiera tenerlo cerca también para decirle que lo mismo que defendía Vichito yo lo sigo haciendo, a mis 42 años no he vivido otro gobierno ni etapa que como en la actual se pueda decir que gobierno alguno, antes, se haya preocupado como el actual de los temas que usted nombra y principalmente de los pobres, que para unos soñadores como El y como yo, debe ser lo principal de cada gobierno. Le cuento que para mi es un verdadero placer ver y escuchar como a los por siempre abandonados discapacitados, hoy se los visite en remotos lugares para brindarles ayuda, incluso en Loja y su provincia, y usted y yo sabemos como ha sido de olvidada nuestra querida y lejana Loja (La tierra más bella de la tierra).
Pero no le escribo para esto, porque también comparto con usted de que la delincuencia es un tema pendiente desde hace mucho tiempo en nuestro país, por varios gobiernos incluído el actual, a pesar de los esfuerzos económicos.
Le escribo para decirle que sin conocer a su hijo estoy seguro de que se encuentra mejor que nosotros, que usted y yo, por la certeza que tengo en la confianza al Señor nuestro Dios. Usted dirá que para mi debe ser fácil decirlo, pero lo siento así.
Se fue Vichito y luego que queda….?
Queda mucho por hacer, lo primero será tomar una decisión, la decisión más hermosa que podemos tomarla como cristianos:
La decisión de AMAR, LA VIDA NOS VA ENSEÑANDO QUE AMAR ES UN COMPROMISO DE VIDA QUE UNO ADQUIERE.
La siguiente es una copia textual de una página de Catholic.net, que le pido de favor la lea:
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Jesús, el mejor amigo
No nos llamó ya siervos porque un siervo no conoce lo que hace su señor, nos llamó amigos, y nos dió a conocer lo que ha oído del Padre.
Autor: P. Eusebio Gómez Navarro | Fuente: Catholic.net

Hay una leyenda en la que se cuenta que un hombre cayó en un pozo. Pasó Buda y le dijo: “Si hubieras cumplido lo que yo enseño, no te habría sucedido eso”. Pasó Confucio, y le dijo: “Cuando salgas, vente conmigo y te enseñaré a no caer más en el pozo”. Pasó Jesús, vio a aquel hombre desesperado, y bajó al pozo para ayudarlo a salir.

Jesús es el amigo que ha dado la vida por los amigos y enemigos.

Jesús, se hizo uno de nosotros por amor y toda su vida fue una total entrega de amor. Veamos algunos rasgos: Así trata Jesús al joven desconocido que se acerca a él buscando orientación: “Fijando en él su mirada, le amó” (Mc 20,21); a la mujer pecadora que llora a sus pies: Tus pecados te son perdonados... Tu fe te ha salvado. Vete en paz (Lc 7,48-50); a su discípulo Pedro: Fijando su mirada en él, le dijo: “Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas” (Jn 1,42). Encontramos también en Jesús el afecto, incluso emocionado, hacia las personas, que no es signo de debilidad sino revelación de un sentimiento hondo de amor y de amistad. Así reacciona ante unos ciegos que le piden su curación: “Jesús se conmovió, tocó sus ojos, y al momento recobraron la vista y le siguieron” (Mt 20,34).

Es conocida la escena de Betania; al acercarse a María, desconsolada por la muerte de su hermano Lázaro, Jesús, “viéndola llorar... se conmovió profundamente y se echó a llorar. Los judíos comentaban: ¡Miren cuánto lo quería!” (Jn 11,33-35). El mismo afecto emocionado manifiesta Jesús ante la ciudad de Jerusalén: “Al acercarse y ver la ciudad, se le saltaron las lágrimas por ella y dijo: ¡Si también tú comprendieras lo que conduce a la paz! Pero no, no tienes ojos para verlo” (Lc 19,41). Así es Jesús. Basta una palabra, una situación humana, un sufrimiento, para que brote su afecto lleno de ternura.

Amistad significa también benevolencia, es decir, un afecto que quiere y busca el bien de las personas; así lo hace Jesús. Al desembarcar, vio una gran multitud; se conmovió porque estaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas (Mc 6,33). Esta amistad se manifiesta de forma más entrañable con las personas por las que siente predilección especial; así sucede con la familia de Marta. El evangelista señala que “Jesús quería a Marta, a su hermana y a Lázaro” (Jn 11,5). Pero también con el discípulo que lo ha negado: “El Señor se volvió y miró a Pedro, y recordó Pedro las palabras que le había dicho el Señor” (Lc 22,61).

La amistad se convierte en compasión cuando las personas queridas sufren o se encuentran mal; el amigo se acerca al sufrimiento del otro, lo acoge, se identifica con su dolor y sus problemas, sufre, acompaña, ayuda. En cierta ocasión se le acercó un leproso y le suplicó de rodillas: “Si quieres, puedes limpiarme”. Conmovido, Jesús extendió la mano, lo tocó y dijo: “Quiero, queda limpio” (Mc 1,40-41). En Naím, al ver a una viuda llorando la muerte de su hijo único, Jesús se acerca. “Al verla el Señor se conmovió y le dijo: No llores” (Lc 7,13).

Amistad significa entrega, donación al otro. El amigo sabe dar gratuitamente, regalar su tiempo, su compañía, sus fuerzas, su vida entera. Los evangelistas describen a Jesús “desviviéndose” por los demás, entregando lo mejor de sí mismo a todos. No busca su éxito, su prestigio o bienestar; es el amor lo que anima su vida entera. “El Hijo del Hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por todos” (Mc 10,45). Su crucifixión no es sino la culminación de esa entrega. “Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” (Jn 13,1).

Jesús ofrece su amistad a todos, incluso a aquellos que son excluidos de la convivencia social (leprosos) o separados de una relaciones amistosas (publicanos, prostitutas); se acerca a ellos, se sienta a su mesa, los acoge y la gente lo llama amigo de publicanos y pecadores. Los evangelistas destacan la amistad particularmente honda y entrañable que Jesús vive y cultiva con sus discípulos; Jesús les va revelando sus secretos más íntimos en una atmósfera de comunicación amistosa. No los llama ya siervos porque un siervo no conoce lo que hace su señor, a ellos los llama amigos, y les da a conocer lo que ha oído del Padre (Jn 15,15).

De esta forma se establece entre Jesús y sus discípulos una comunión de afecto y amistad. Jesús llegará a decir que quien escucha a los otros, a él le escucha (Lc 10,16). Incluso, el discípulo traidor viene llamado “amigo” hasta el final (Mt 26,50). Jesús les muestra hasta qué extremo llega su amistad. “Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos” (Jn 15,13). Su muerte será un don: “Nadie me quita la vida".

Si quieres curar tus heridas, él es médico.
Si estás ardiendo de fiebre, él es manantial.
Si estás oprimido por la iniquidad, él es justicia.
Si tienes necesidad de ayuda, él es fuerza.
Si temes la muerte, él es vida.
Si deseas el cielo, él es el camino.
Si refugio de las tinieblas, él es luz
Si buscas manjar, él es alimento”.
·  Preguntas o comentarios al autor P. Eusebio Gómez Navarro
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En definitiva  Dr. Sarmiento, lo que realmente quería compartirle es que usted no está solo, tiene a Jesús y sus enseñanzas, tiene a Jesús y su infinito amor, pero también estoy seguro de que tiene más familia: esposa, talvez más hijos, nietos, hermanos, prójimos, por quienes tomar esa DECISIÓN DE AMAR.
Para usted y toda su familia, que el Señor se encargue de calmar su inmenso dolor!!!
Muchas Bendiciones!!!
Con afectuoso abrazo a la distancia,
Eduardo Paredes

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