Acabo de leer su carta enviada a El Universo, y no pude evitar que corran lágrimas ante la expresión de su dolor infinito por la totalmente extemporánea y ciertamente evitable ausencia de su hijo Vicente. Dios quiera que sus palabras logren conmover al Presidente y hagan lo que nada ha podido hacer en cuatro años: llamarlo a la reflexión, para que modere su tono tan violento y confrontacional, que lo único que ha hecho es dividirnos, polarizarnos, incendiar a la nación con odio y revanchismo, y para que como usted dice, valore y defienda el bien más preciado que tiene un país, que es la vida de sus habitantes. Como ciudadana, le agradezco que haya utilizado la fuerza de su dolor para llamar la atención de nosotros, sus vecinos y del Presidente. Eso es valentía y generosidad.
No soy madre, y aunque lo fuera, no sabría la medida de su dolor excepto si hubiera vivido algo similar, sin embargo, quiero decirle que sus palabras son lo suficientemente elocuentes para percibir aunque sea en una milésima parte, su dolor, irremediable e inconsolable.
La única esperanza que nos queda ante un hecho así es saber que eventualmente la memoria de Vichito volverá a producir sonrisas, al recordarlo, ya con el dolor cicatrizado, y seguirá viviendo entre ustedes, porque no se puede matar aquello que nunca muere, como es el amor puro y eterno.
Un abrazo muy fuerte,
Gabriela Panchana Briones
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