Estimado señor Sarmiento,
No encuentro palabras bonitas, ni tengo la facilidad de su excelente pluma. Solo le escribo para decirle que su grito del corazón me ha hecho llorar a raudales. Yo también soy madre y no sé si tendría su nobleza ni la bondad del alma que lo distinguen del común de los mortales. No sé qué haría, ni a quién acusaría para poder soportar el dolor de perder un hijo.
Se supone que nuestros hijos deberían morir después de nosotros, pero cuando eso no sucede, como en su caso; entonces uno se pregunta para qué bueno seguir viviendo, pero Usted en todo su pesar no solo nos ha hecho un llamado para que lo ayudemos a evitar que todos nuestros hijos se conviertan un día u otro en una simple
estadística o "percepción".
estadística o "percepción".
Gracias por esa bella carta que sale de sus entrañas. Esperemos que la persona para quien va dirigida haga un alto en sus múltiples ocupaciones, para responder a su llamado.
Algo hay que hacer para evitar que el Ecuador siga en manos de las bandas criminales nacionales y extranjeras.
Mi mas sentido pésame caballero. Al igual que muchas madres, lo estaré acompañando en su dolor.
Saludos afectuosos
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